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La curva de la felicidad

No, no voy a hablar de esa prominencia que suele salirnos a media altura de nuestro cuerpo y cuyo aumento relacionan con el consumo excesivo de cerveza. Y de eso otro que estáis pensando, tampoco.

Simplemente quería contaros que la semana pasada estuve viendo la obra teatral “La curva de la . Aunque parezca mentira, algunas veces voy a ver . Es una tradición, anualmente me obligo a ver al menos una obra de . Es un hobby.

Y este año le ha tocado a “La curva de la felicidad”. La elegí principalmente porque el protagonista es , uno de los personajes que mejor me caen del mundo televisivo. Y acerté de pleno.

La obra es muy simple. Trata sobre un tipo, Quino -interpretado por Pablo Carbonell-, en plena de los 40 , al que acaba de dejar su mujer por un pipiolo más joven, con más pelo y sin barriga, y al que  su exmujer encarga que venda el piso que han compartido durante su convivencia. La obra simplemente narra la relación del protagonista con los tres pretendientes a comprarle el piso:  El chico de la mudanza, Un psicólogo recomendado por su exmujer y su mejor amigo. A cada cual, más raro.

Uno, cuando va a ver a Pablo Carbonell, se espera pasar un rato divertido. Al principio de la obra parece que la cosa no te va a convencer, pero según van pasando las escenas los diálogos se van acelerando y no paras de reir.

Sobretodo la recomiendo para los seguidores del tipo “La que se avecina”. De echo, el actor que interpreta al psicólogo, tiene una forma de actuar que me recuerda mucho al “Rancio” de dicha serie.

Como me decía mi mujer al salir del teatro -Cómo te gustan estas chorradas-. Pero por lo que pude ver y oir, les gusta a mucha gente. Y mira que en Donosti nos cuesta expresarnos, pero puedo asegurar que todos los que estábamos en el teatro nos partíamos de risa. Incluso en un momento de la función, a una mujer le dió tal ataque de risa que no podía parar y le contagió a uno de los actores. Así que podéis imaginaros como acabó aquello. Afortunadamente en un par de minutos se le pasó a la pobre mujer y pudieron seguir con la obra.

En definitiva la recomiendo para ir a verla sin grandes pretensiones, sin juzgarla de antemano y sabiendo a lo que se va. Os aseguro que si váis a verla, pasaréis un buen rato.

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