El blog del Staff/Stuff de Sync.es aportando nuestras ideas al mundo

Capesius, el farmacéutico de Auschwitz

Dieter Schlesak es un escritor alemán de origen rumano que acaba de publicar el libro “Capesius, el farmacéutico de Auschwitz“, en el que narra la historia de Victor .

Victor Capesius era un médico que durante la Segunda Guerra Mundial tuvo como principal cometido el de seleccionar a las personas que eran enviadas a la cámara de gas y a las que se libraban, convirtiéndose en prisioneros en el campo de concentración de Auschwitz.

Este personaje tuvo la suerte de ser condenado únicamente a 9 años de prisión en el Proceso de Fráncfort (1964-1966). Este juicio, al igual que el celebrado 18 años antes en Nuremberg, está considerado como el juicio más importante de la historia alemana, ya que sentó en el banquillo no a los autores, sino a los cómplices, ayudantes y miembros de la segunda línea involucrados en el genocidio de .

Cuando llegaban los vagones cargados de judíos a Auschwitz, Capesius los esperaba en la rampa y según iban bajando les comunicaba amablemente en que lado debían colocarse. Mujeres y niños a un lado y hombres en el otro. Posteriormente hacía otra selección y separaba de entre los hombres a los que presentaban un aspecto más débil. Hubo judíos, que por su labor relacionada con la medicina reconocían a Capesius y a los que este saludaba amablemente al pasar por la rampa. Esto no evitaba que separase igualmente a aquellos cuyo destino sería la cámara de gas. A los que finalmente tendrían este horrible destino, les informaba de que los había separado porque el trayecto era de 10 kilómetros y que los llevarían en coche para que no se cansaran.

Finalmente, cuando en las cámaras de gas se introducía el gas ante la atenta mirada de Capesius, este solía contemplar por la mirilla como eran gaseados aquellos que estaban en su interior.

Una de las cosas que más me han impresionado de uno de los relatos que se cuentan en este libro, es la siguiente declaración de un superviviente de Auschiwtz, Adam Salmen, cuyo trabajo era el peor que podía tener un superviviente, el introducir a otros judíos en la cámara de gas:

«Te penetran por todos los poros, día y noche, el estruendo, los silbatos. Los vagones escupen personas. Nos empujan a las duchas. Veo llamaradas en una fosa larga, humo, ceniza levitando. «No puede ser verdad», grita mi vecino. Los perros obligan a niños, mujeres y enfermos a lanzarse a las llamas. Una silla de ruedas es lanzada con un anciano al fuego. Los bebés vuelan como pétalos blancos trazando un arco alto hasta el fuego. Una mujer con un pecho descubierto amamanta a su hijo y es lanzada con el bebé a las llamas»
Lo de Adam Salmen era el colmo de la perversión nazi, convertir a las víctimas en verdugos.

Otras noticias:

3 comentarios

1 ElizavetaNo Gravatar { 02.16.11 at 1:36 }

Dicen que este hijo de mala madre se hizo fortuna con las joyas personales y dientes de oro de sus victimas. Tan solo 9 años de prisión y este [censored] siguió viviendo la vida tan ricamente hasta 1985. Cuentan que un día después de su liberación él fue a un concierto donde fue recibido… con aplausos. Madre mía.

2 JM MurilloNo Gravatar { 02.16.11 at 8:58 }

Si Eli, es tal y como dices. Registraba los equipajes de sus víctimas supuestamente en busca de medicinas y aprovechaba para robarles. Además los prisioneros solían guardar sus joyas dentro de embases de pasta de dientes y cosas por el estilo, por lo que consiguió una buena fortuna de esta manera. Curioso para alguien cuya defensa era el decir que obedecía órdenes.

3 pulmónNo Gravatar { 03.09.11 at 21:57 }

Añadir que Adan Salmen es el único de los personajes del libro que pertenece estrictamente a la ficción, como bien señala Claudio Magris en la introducción de la edición española (Seix Barral, 2011)